Beber un vaso de agua y notar una punzada repentina en un diente puede resultar desconcertante, especialmente cuando el agua ni siquiera está muy fría. La molestia puede durar apenas unos segundos, desaparecer inmediatamente y no volver hasta la siguiente vez que bebemos. Como el diente parece estar bien y el dolor es breve, es fácil restarle importancia.
Sin embargo, cuando un mismo diente reacciona repetidamente al contacto con líquidos, existe algún motivo por el que esa pieza se ha vuelto más sensible a los estímulos. Puede tratarse de algo relativamente sencillo, como una pequeña zona de dentina expuesta, pero también puede ser una de las primeras manifestaciones de una caries, una fisura, una restauración deteriorada o una alteración de la pulpa dental.
La duración, la intensidad y el comportamiento de esa molestia aportan información importante, aunque para conocer su causa sea necesario valorar directamente el diente.
¿Por qué un diente puede reaccionar incluso al agua que no está fría?
El esmalte que recubre la parte visible de los dientes actúa como una barrera protectora. Debajo se encuentra la dentina, un tejido atravesado por numerosos túbulos microscópicos capaces de transmitir determinados estímulos hacia el interior de la pieza.
Cuando el esmalte pierde grosor o una zona de dentina queda expuesta, el diente puede empezar a reaccionar ante cambios que anteriormente pasaban completamente desapercibidos.
Por eso no siempre hace falta beber agua helada para sentir sensibilidad. En una pieza especialmente reactiva, una diferencia relativamente pequeña entre la temperatura del líquido y la de la boca puede ser suficiente para desencadenar una molestia.
Una caries puede empezar con una pequeña sensibilidad
Las caries no siempre comienzan con dolor intenso ni con un agujero visible. Durante sus primeras fases pueden desarrollarse sin producir ningún síntoma. Conforme la lesión avanza y alcanza tejidos más internos, el diente puede empezar a reaccionar al frío, al dulce o a determinadas bebidas.
El problema es que algunas caries se encuentran en zonas difíciles de observar, como el espacio entre dos dientes o alrededor de restauraciones antiguas. El paciente mira la pieza y aparentemente todo está normal.
Por eso, cuando la sensibilidad aparece siempre en el mismo diente, conviene descartar una lesión aunque no exista ningún cambio visible.
Las encías retraídas pueden dejar una zona mucho más sensible
Cuando el margen de la encía se desplaza y deja parte de la raíz dental expuesta, la protección de esa zona cambia. La superficie radicular no está recubierta por el mismo esmalte que protege la corona del diente y puede reaccionar con mayor facilidad a los estímulos térmicos.
En estos casos, la molestia suele ser rápida y muy localizada. El paciente puede identificar exactamente qué diente reacciona cuando bebe agua o cuando el cepillo pasa por una zona determinada.
La retracción puede estar relacionada con diferentes factores, por lo que no basta con intentar disminuir la sensibilidad. También conviene conocer por qué la encía ha cambiado de posición y comprobar si la situación permanece estable.
El desgaste del esmalte también puede estar detrás
El esmalte puede perder estructura lentamente debido al bruxismo, a determinadas sobrecargas, al contacto frecuente con sustancias ácidas o a otros factores. Cuando esto ocurre, la dentina queda progresivamente menos protegida y aumenta la posibilidad de experimentar sensibilidad.
Muchas veces el paciente no observa ningún daño evidente. Simplemente empieza a notar que determinadas piezas reaccionan más que antes.
Si el desgaste afecta a varios dientes, la sensibilidad puede ser más generalizada. Cuando se concentra en una sola pieza, es especialmente importante estudiar si existe algún factor localizado.
Una fisura puede ser casi invisible
Un diente puede presentar una pequeña fisura sin que exista una fractura evidente. Algunas grietas son extremadamente finas y solo provocan síntomas bajo determinadas circunstancias.
Dependiendo de su localización, pueden producir sensibilidad a los cambios de temperatura, molestias al morder o una sensación breve que aparece de manera intermitente.
Estas fisuras pueden estar relacionadas con traumatismos, bruxismo, sobrecargas o con el debilitamiento de dientes que tienen restauraciones extensas. Identificarlas resulta importante porque su evolución y tratamiento dependen de la profundidad y de las estructuras afectadas.
Los empastes antiguos también deben revisarse
Una restauración puede permanecer en boca durante muchos años y seguir funcionando perfectamente. Sin embargo, los empastes también están sometidos al desgaste, a las fuerzas de la masticación y a cambios constantes de temperatura.
Con el tiempo pueden aparecer pequeñas alteraciones en la unión entre el material y el diente. Si existe una filtración, una fractura o una nueva caries alrededor de la restauración, la pieza puede empezar a reaccionar al agua o a otros estímulos.
Por eso, cuando el diente sensible tiene un empaste antiguo, comprobar el estado de esa restauración forma parte del diagnóstico.
La duración del dolor puede aportar información
No es lo mismo una punzada que desaparece inmediatamente al retirar el estímulo que un dolor que continúa durante varios segundos o minutos después de haber dejado de beber.
La forma en la que responde el diente ayuda al profesional a valorar el estado de la pulpa, aunque nunca debería utilizarse como único criterio diagnóstico.
Cuando el dolor empieza a ser más intenso, aparece espontáneamente o permanece durante bastante tiempo después del estímulo, puede existir una afectación más profunda que requiere una valoración especialmente cuidadosa.
¿Y si me duelen varios dientes a la vez?
Cuando varios dientes reaccionan al agua, puede existir un problema más generalizado de sensibilidad. La retracción de encías, el desgaste del esmalte o determinadas técnicas de cepillado pueden hacer que diferentes zonas presenten dentina expuesta.
También conviene revisar los hábitos. Cepillarse con demasiada presión, utilizar productos muy abrasivos o mantener una exposición frecuente a sustancias ácidas puede favorecer sensibilidad en determinados pacientes.
El patrón de los síntomas —un solo diente o varias piezas— aporta información útil para encontrar el origen.
¿Una pasta para dientes sensibles puede solucionarlo?
Los dentífricos desensibilizantes pueden resultar útiles en determinados casos porque ayudan a reducir la transmisión de los estímulos a través de la dentina. Sin embargo, su utilidad depende de cuál sea la causa real.
Si el problema está provocado por una caries, una fisura o una restauración deteriorada, disminuir temporalmente la sensibilidad no soluciona la lesión que la está produciendo.
Por eso, cuando el síntoma aparece de forma nueva, afecta siempre al mismo diente o va aumentando progresivamente, conviene realizar una revisión antes de limitarse a utilizar productos para la sensibilidad.
¿Cuándo conviene acudir al dentista?
Es recomendable realizar una valoración cuando la molestia se repite durante varios días, cuando siempre aparece en el mismo diente o cuando empieza a producirse también con alimentos fríos, calientes o dulces.
También conviene consultar si el dolor continúa después de beber, aparece espontáneamente, molesta al masticar o se acompaña de inflamación. Un cambio progresivo en la intensidad o duración del síntoma puede indicar que el problema está evolucionando.
Detectar la causa en fases tempranas permite, en muchos casos, realizar tratamientos más conservadores.
La sensibilidad es un síntoma, no un diagnóstico
Que un diente duela al beber agua no permite saber automáticamente qué ocurre. Puede existir dentina expuesta, desgaste, una caries, una pequeña fisura o una alteración en una restauración. Lo importante es no normalizar una sensación que antes no existía cuando empieza a repetirse.
En Clínica Dental Las Delicias valoramos este tipo de molestias estudiando la estructura dental, las encías, las restauraciones y la respuesta de la pieza a diferentes estímulos para identificar su origen.
Porque cuando un diente empieza a reaccionar incluso a un simple vaso de agua, el objetivo no debería ser únicamente evitar esa sensación. Lo importante es descubrir qué ha cambiado para que una pieza que antes no daba ninguna señal haya empezado a hacerlo.